BREVE HISTORIA DE LA CRUZ «NO MATARAS»

Seguramente has pasado por el paradero 20 de la Avenida Próceres de la Independencia y has visto el parque «No Matarás»

BREVE HISTORIA DE LA CRUZ NO MATARAS

1983, Época de violencia en territorio peruano, el terror y el miedo envolvía a las familias peruanas en esos tiempo. Aún en esas difíciles condiciones el 14 de diciembre de ese año se organizó un agasajo solidario para los internos del penal Miguel Castro Castro, muchos artistas acudieron solidariamente y algunos agentes pastorales, como la hermana Juana Sawyer, colaboraron con la misma causa.

Ese día lamentablemente algunos presos se apoderaron de los pabellones del penal para pedir la aceleración de sus procesos judiciales y mejor trato de parte de los guardianes. Nueve presos solicitaron la entrega de una ambulancia y garantías para escaparse, llevando cuatro rehenes, la hermana Juanita fue una de ellas. Terminaron las negociaciones con la promesa de que los prisioneros iban a salir sin sufrir daño. A poca distancia de la prisión, policías y carros patrulleros estratégicamente colocados esperaron a que pase la camioneta y entonces abrieron fuego contra la ambulancia a la que dejaron como una coladera.

Al abrirse las puertas, después de la balacera despiadada, siete de los nueve presos estaban muertos a balazos y la hermana Juana agonizaba con cinco impactos de bala. Ella murió pocos minutos después mientras era llevada al hospital de la policía.Poco después de su muerte, multitudinarias marchas se dirigieron desde el Cono Norte de Lima -lugar donde vivía La Hermana Juanita con otras misioneras Columbanas-, hasta San Juan de Lurigancho, mostraron su descontento y repudio a la forma tan bárbara en que estas autoridades de turno resolvieron el amotinamiento, asesinando como si la vida no valiera nada. Una sencilla cruz de la madre acompaño la marcha de cono a cono.

Al llegar, cerca del penal colocaron en la avenida principal de San Juan de Lurigancho, una cruz, con el Quinto Mandamiento “No Matarás” (Ex. 20, 13). La cruz representa el compromiso de la Iglesia Católica con la vida, y enfatiza el quinto mandamiento que nos pide no matar. Y es que en la sabiduría universal sabemos que es mucho más mortal matar que morir. El que mata a otro ser humano, queda mucho más muerto, mucho más podrido que el que es asesinado.

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