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Historía de los cinco años de un Centro Cultural en San Juan de Lurigancho

Escribe: Julio Humberto Abanto Llaque (Arqueólogo)

 

Hace unos días me solicitaron darle una revisión al artículo que hace ya diez años escribiera sobre Enrique Solari, eran otros tiempo, entonces su casa se mantenía en pie, y la recuerdo perfectamente, quizás lo que más me impacto fue el detalle de conservar una amplia vista hacia el este, lugar donde se encontraba un gran ambiente jardín y donde descansaba una vieja carreta que antiguamente debió ser jalada por recias recuas de mulas.

 

Un torno de alfarero, un antiguo hilandero y reliquias colgadas entre afiches del estreno de su gran obra Collacocha, un lienzo inmenso, bancas coloniales y papeles escritos con ensayos y partes de sus obras cubriendo parte del suelo, una ausencia que sin querer parecía la presencia del dramaturgo.

 

Que poco conoce nuestro distrito San Juan de Lurigancho de tan singular personaje y como lo dije en aquella reseña no existe un parque, una calle, un colegio que conmemoren su nombre. Sería injusto no mencionar a Gertrudis Braumsberger, su esposa cuya pasión por el arte popular peruano y las costumbres de los pueblos profundos la llevó a convertirse en su promotora.

 

Ese sentimiento de deuda y admiración tuvo su momento cuando se me consultó sobre la posibilidad de emblemátizar cada espacio de un centro cultural a punto de inaugurarse y hacerlo colocando el nombre de ilustres vecinos en los ambientes del Centro Cultura de Recreación y Educación Ambiental CREALIMA del parque Huiracocha. Era el momento para bautizar a la hermosa biblioteca con el nombre del dramaturgo y el espacio destinado a la imaginación de los niños con el de Gertrudis.

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Han pasado apenas cinco años desde la apertura de un lugar exitoso, de una institución que en solo meses se convirtió en el referente de la incorporación de oferta cultura en un espacio público, reconocido con dos premios por sus buenas prácticas e innovación y beneficiando a más de dos millones de niños y jóvenes, solo basto el cambio gestión para iniciar sistemáticamente su inoperatividad.

 

Es difícil que este centro cultura recupere su nivel, necesitaría de una estrategia de apoderamiento social contundente, presupuesto, pero sobre el liderazgo de una gestión con capacidad de entender que los parques son espacios de interacción de los vecinos, son espacios donde las familias estrechan lazos y más que compartir momentos inolvidable son ambientes donde los más pequeños usuarios deberían tener contacto inicial con la referencia cultural de su localidad una viva e inolvidable interacción con los artistas de su barrio, su referentes.

 

Los cinco años del CREA y los tres años que deberían cumplir el otro espacio denominado Haras Lurigancho, pasaran cono una fecha más, poniendo en riesgo valioso patrimonio que forma parte de la memoria de este distrito.

 

¿Seguirá un anfiteatro Miguel Ángel Silva Rubio, con alguna actividad cultural que le de vida?; ¿seguirá la sala de exposiciones Florentino Jiménez vacía, sin convertirse en la tribuna y oportunidad para artistas locales?; ¿la sala Saúl Cantoral seguirá vacía y con algunos perros que duermen al costados de su puerta? y ¿la sala Ruricancho empolvándose con la indiferencia de quienes pasan sin mirar sus milenarias riqueza?.

 

En un distrito donde los índices de violencia son altos privar a los vecinos un servicio tan útil para los más pequeños es una tremenda barbaridad y merece nuestro total rechazo. Sin duda estamos llamados a seguir luchando.

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(Publicado en Noviembre de 2017)

 

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