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Cambiándole “la cara” a Bayovar

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Interesante reportaje publicado hoy en el suplemento Somos de El Comercio, donde se da a conocer la batalla de los pobladores de Bayóvar por cambiarle la imagen a este barrio azotado por la violencia, pero que tiene mucho que dar a la sociedad. La nota completa de Norka Peralta y Nadia Santos:

Bautizar una banda criminal con el nombre de un barrio genera la estigmatización de sus habitantes. Tras la caída de ‘Los Malditos de Bayóvar’, este asentamiento humano lucha por limpiar su imagen.

‘ Las Peperas del Cono Norte’, ‘Los Favoritos de la Rica Vicky’, ‘Los Clonadores San Borjinos’, ‘Los Selectos de La Molina’, ‘Las Hienas de Santa Luzmila’, ‘Los Pulpines del Rímac’, ‘Los Elegantes de Talara’, ‘Las Ratas de Miraflores’ y siguen… Estos son solo algunos de los distintos –y curiosos– nombres de las bandas delictivas que han hecho de las suyas en el último año. La fórmula es sencilla: escoja la característica más saltante de una organización criminal, añádale su ámbito de acción y podrá nombrar a un grupo de delincuentes. Hay bandas, con raigambre geográfico y vínculos familiares, que se autodenominan para marcar territorio frente a otras, como ‘Los Nole del Callao’. Pero la gran mayoría es bautizada por obra y gracia no del Espíritu Santo sino de la Policía Nacional.
Según el comandante Eugenio Vallejos, jefe de la Divincri Este, esta denominación permite identificar la modalidad delictiva de una organización y su ámbito de acción en los partes policiales. Pero más allá de este beneficio logístico, el uso de esta fórmula afecta el buen nombre del resto de la población que no solo tiene el infortunio de vivir atemorizada por los criminales de su localidad, sino que termina siendo estigmatizada por culpa de ellos, refiere Federico Tong, director del Programa de Desarrollo Alternativo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc). “La Policía debe ser cuidadosa cuando llama a una banda con el nombre de una población, porque les da una visibilidad mediática inadecuada y alienta la identificación con íconos inapropiados, como ocurrió  
con Gerald Oropeza. En algunos sectores se le vio como un modelo aspiracional”, precisa Tong. CARA LAVADA ‘Los Malditos de Bayóvar’ fue considerada la banda más temida del 2015 luego de extorsionar a los dueños de colegios y enviarles explosivos, sin que les importara la vida de niños y adolescentes. Tras la captura de 19 de sus miembros, los pobladores del asentamiento humano Bayóvar, en San Juan de Lurigancho, intentan escribir un nuevo capítulo en la corta vida de esta zona, fundada hace 39 años. Los dirigentes vecinales Guillermo Ramírez y Alejandro Calderón han solicitado al municipio distrital que se atienda su pedido de convertir en parques los 14 terrenos que hoy son basurales y fumaderos. “Toda esa gente que se ha capturado ni siquiera vivía aquí, pero sí  
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nos afecta que se nos asocie con ellos. Por ejemplo, los taxistas no quieren traernos porque tienen miedo”, explica Ramírez. Por ello, ahora que la maldición acabó, Calderón cree que es tiempo de transformar el barrio. “Con áreas verdes donde los chicos puedan hacer deporte”, asevera. Además, solicitan más serenos, incrementar las unidades de recojo de basura, la semaforización en vías principales y el reordenamiento de las calles. Por ahora, la comuna solo ha aprobado la creación de un parque. Otro aspecto que preocupa aquí es la cantidad de perros y gatos abandonados. Elena Sánchez los recoge e intenta encontrarles un hogar. Su lucha parece infructuosa: tiene 70 perros y 30 gatos en su albergue de Jicamarca. En una casa alquilada de Bayóvar funciona la posta veterinaria Adopta una Mascota, en donde cura y esteriliza a los animales que rescata y a los de sus vecinos.
“Necesitamos estudiantes de Veterinaria que quieran hacer voluntariado, porque hay muchos animalitos que atender y la gente no tiene recursos”, cuenta Elena, de apariencia frágil, pero energía inagotable. sin miedos El suboficial superior Luis Cuadros Zegarra dirige la Oficina de Participación Ciudadana de la Comisaría de Bayóvar, en donde se realizan talleres deportivos y de reforzamiento escolar para que el mal uso del tiempo libre y el fracaso en el colegio no abran las puertas a la violencia. Estas actividades benefician a 542 menores, entre los 3 y 17 años. “Lo primero que se les enseña es la puntualidad. Ellos saben que llegar tarde es como si no te importara el tiempo de los demás”, refiere el agente, con 10 años de servicio en la zona. También se trabaja con jóvenes entre los 18 y 24 años, en situación de riesgo. Hace seis años se logró que 24 muchachos, identificados como integrantes de pandillas y barras bravas, fueran 
capacitados en mecánica de producción por Tecsup. En el 2013, con la construcción de la estación Bayóvar del Metro de Lima, se consiguió empleo para otros 47 jóvenes. Según Cuadros, estas acciones han reducido los incidentes protagonizados por barras bravas. “Es fácil criticar a los jóvenes, pero cuando no tienes un parque para distraerte o posibilidades para estudiar o conseguir trabajo, la calle es tu única opción”, asevera. Pero son esas calles, bien usadas, las que podrían ayudar a cambiar la imagen de Bayóvar. “Yo quiero organizar un campeonato de artes marciales mixtas en las calles, sin que nadie pague entrada, para que vengan de otros distritos y se quiten la idea de que aquí les van a robar”, refiere Anthony de la Mata (36), quien desde hace 19 años practica diversos deportes de combate. Desde el 2012, con la idea de incentivar el deporte en el barrio, Anthony acondicionó un minigimnasio en su vivienda para los que quieran sumarse.  
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Hoy entrena a 25 deportistas, entre los 12 y 40  años, cuatro veces por semana de 8 p.m. a 11 p.m. A esta iniciativa se han unido empresas que le proporcionan la vestimenta adecuada, implementos y vitaminas. Además, cuando van a competencias, la pollería El Rey, de un vecino de la cuadra, corre con la alimentación de los muchachos. El sueño de la gente que apoya a Anthony es que alguno de estos chicos luche en campeonatos internacionales. Sin la sombra de ‘Los Malditos de Bayóvar’ presente en sus días, ahora se puede soñar en voz alta y sin miedo.
ALÍAS. En las bandas de antaño, solo los cabecillas tenían un alias. El más recordado es Luis D’Unian Dulanto, ‘Tatán’, quien recibió este apelativo de niño porque no podía decir Tarzán. EL BARRIO A partir de los años 80, las bandas usan nombres que asocian a sus barrios para marcar así su territorio. APODOS La policía bautiza a las bandas por la intensidad de su accionar. Por ejemplo, se les llama ‘Los Destructores’, ‘Las Hienas’ o ‘Los Sanguinarios’ cuando actúan con extrema violencia. A esta característica se le añade la zona de origen o de operaciones. Por ello, hay
‘Los Malditos’ o ‘Los Destructores’ en diversas ciudades. Se les dice ‘Los Injertos’ cuando sus miembros provienen de bandas desarticuladas. DETALLE. También se identifica alguna particularidad en la comisión del delito: como ‘Los Elegantes’ porque visten ternos para robar propiedades o ‘Los Marcas’ cuando hacen seguimiento a quienes han retirado dinero en bancos. RISIBLE. Hay también nombres que nadie puede explicar: ‘Los Cagaleches’, ‘Los no hay más nada de Carabayllo’, ‘Los Guapos de Sarita’, etc.

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