Delia Zamudio, labor reconocida en San Juan de Lurigancho

El diario Perú.21 publica hoy un extenso informe sobre las mujeres afroperuanas y  el Estudio Especializado sobre Población Afroperuana (EEPA) –elaborado el año pasado por el Ministerio de Cultura y el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade). Se incluye el testimonio de Delia Zamudio, que tiene una casa de acogida contra la violencia familiar en San Juan de Lurigancho y cuyo testimonio de vida forma parte de la publicación Rostros de Violencia, Rostros de Poder, que prepara el Centro de Estudios y Promoción Afroperuanos Lundu. El reportaje de Mariella Sausa:delia-300x300

“Las bromas sobre mi color de piel siempre han estado presentes en mi vida. De niña me decían ‘negra, gorila, ándate al África’ y eso me dolía mucho. De adolescente, como era muy alegre o bailaba, era considerada una chica fácil. Cuando me casé, mi esposo también me maltrataba y discriminaba, me decía ‘negra de mierda’ o ‘negra esclava’. Con mi segundo esposo fue igual. Desde que tengo uso de razón he tenido siempre que esforzarme mucho más que el resto para que me respeten y demostrar lo que valgo. Sin embargo, eso, en lugar de considerarlo una desventaja, me ha hecho valorar mucho más mi raza”.

Las palabras son de Delia Zamudio, una afroperuana de 73 años que dirige una casa de acogida contra la violencia familiar en San Juan de Lurigancho y cuyo testimonio de vida forma parte de la publicación Rostros de Violencia, Rostros de Poder, que prepara el Centro de Estudios y Promoción Afroperuanos Lundu, con el financiamiento de la Agencia de Cooperación Española (Aecid).

El informe ha documentado 40 casos donde se evidencia la particular situación de violencia que viven las mujeres afroperuanas, por el agravante de la raza y, en muchos casos, también por su condición social. Sin embargo, el documento también da cuenta de cómo estas mujeres se han sobrepuesto a la violencia y los maltratos, y han salido adelante.

“Después de muchos años de lucha, yo he sido la primera mujer sindicalista que en los años 70 llegó a la secretaría general de la CGTP. Aunque sufrí hasta agresiones físicas porque no aceptaban que una mujer, y menos que una negra, sea una secretaria general, me sobrepuse. En lugar de retroceder, esa situación de humillación me hizo avanzar y pude poner en relevancia la situación particular que vivimos las mujeres negras en el Perú”, cuenta Delia Zamudio.

PREJUICIOS PERSISTEN
Pero en el Perú, pese a los avances, aún hay muchos perjuicios sobre la población afroperuana. “Aquí aún se cree que la mujer negra es ‘caliente’ y que su rol está determinado en función a la complacencia del hombre. Eso particulariza aun más la situación, pues hace que las relaciones de este grupo sean violentas; nos golpean, nos agreden y nos insultan por ser mujeres, pero también nos maltratan porque nos miran negras. Es una doble situación de violencia que no viven otras etnias del Perú”, anotó la activista afroperuana Sofía Carrillo.

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PRIMERAS CIFRAS
Según el Estudio Especializado sobre Población Afroperuana (EEPA) –elaborado el año pasado por el Ministerio de Cultura y el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade)–, el 24.1% de las mujeres afroperuanas que fueron encuestadas reveló que sufrió violencia psicológica; el 23.7%, violencia física; y el 4.7%, violencia sexual.

Olga Bardales, del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, señaló que desde enero del año pasado los Centros de Emergencia Mujer (CEM) también han introducido en las variables de recojo de casos el indicador étnico afroperuano, el cual ha permitido obtener data oficial de esta población. El reporte de 2015 revela que en ese año se reportaron 59 casos de violencia contra las mujeres afroperuanas y, en lo que va del presente año, la cifra llega a 29 casos.

“Aunque las cifras aún no reflejan la realidad ni son mayores al promedio nacional, preocupa que el insulto racista y sexista sea una de las principales manifestaciones de violencia hacia la mujer afroperuana y, sobre todo, que se presente en todas las etapas de la vida, ya sea en la niñez, juventud o adultez”, manifestó Mónica Carrillo, fundadora de Lundu y autora del proyecto Rostros de Poder.

Carrillo anotó que el bullying hacia las niñas afro es una de las manifestaciones iniciales de la violencia y sus consecuencias son nefastas, pues, además de reducir la autoestima de estas niñas, moldea la aceptación de la agresión y puede ocasionar el rechazo de las mujeres a la escuela, que es el espacio donde pueden tener mayor información sobre sus derechos.

“Uno puede decir que no, pero (lo que vives en la escuela) sí te marca. Y eso en algún momento de tu vida aflora. Si te lo dicen de nuevo, ya no lo tomas como si fuera algo malo, ya lo tomas como algo normal”, dice Raquel, una afroperuana de 30 años que vive en El Carmen (Ica).

TRAUMA QUE SE REPITE
Pero las consecuencias de esta violencia van más allá. Carrillo señaló que el estudio ha determinado que, pese a que han pasado 162 años desde la abolición de la esclavitud, el trauma intergeneracional y los recuerdos del castigo esclavista persisten en la población afroperuana, principalmente en las mayores de 50 años.

Además, se ha determinado que existe una alta probabilidad (37%) de que las mujeres afroperuanas cuyas madres fueron víctimas de violencia repitan ese patrón de agresión con sus hijos.

La información recogida en el documento también revela que la mayoría de mujeres afro que denuncia la violencia abandona el proceso, pues encuentra muchas trabas o considera que si hace público su caso solo se expondrá a las burlas y no logrará justicia ni reparación alguna.

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“Pero quizá lo que más preocupa es que hay muchas afroperuanas que no se autoidentifican como tales, aunque en esos casos también hay responsabilidad de los funcionarios que reciben las denuncias de violencia y omiten preguntar sobre la raza de la denunciante porque lo consideran una ofensa. Otro grupo califica a todas las víctimas como mestizas, y así distorsionan la información”, detalló Carrillo.

Agregó que, aunque no hay estudios oficiales, existe la percepción de que las afroperuanas son más afectadas por la violencia psicológica, que es la más difícil de probar. Por ello, dijo que es importante que se pueda aprobar el proyecto de ley que incorpora el insulto racista como un agravante de la violencia de género.

PLAN PARA POBLACIÓN AFRO AÚN A LA ESPERA
Pese a que fue consensuado en noviembre del año pasado y recibió la recomendación de la Defensoría del Pueblo para su aprobación, el Plan Nacional de Desarrollo para la Población Afroperuana (Plandepa) 2016-2020 aún no ha sido firmado por el presidente Ollanta Humala.

El documento, que ya fue aprobado por los viceministros, es el resultado de tres años de trabajo de técnicos de ocho sectores del Gobierno, que han afinado las medidas para que sean viables.

El plan contiene una serie de demandas de la población afro, desde la atención eficiente en el sistema educativo, de salud, trabajo, calidad de vida y servicios básicos, hasta la estadística de cuántos son, dónde están y el reconocimiento de su cultura.

“Mucha gente piensa que no es urgente tener un plan diferenciado para esta población, pero no sabe que mientras la curva socioeconómica del país aumenta, la de la población afroperuana desciende. Además, según un estudio de la Universidad del Pacífico, mientras los profesionales peruanos envían entre 5 y 6 veces su currículum para obtener un trabajo, los afroperuanos debemos presentarlo 16 veces. Por eso, es importante que se apruebe un plan diferenciado”, dijo Susana Matute, directora de Pueblos Afroperuanos del Ministerio de Cultura.

TENGA EN CUENTA

Se estima que entre el 3% y 4% de la población peruana es afroperuana. El censo del próximo año recién incorporará la variable étnica afroperuana.

La población económicamente activa afroperuana es 14% menor que la población nacional.

Un 74% de la población afroperuana cuenta con seguro de salud, pero existen brechas en la calidad de servicios que reciben.

El 55% de encuestados en el estudio de población afroperuana dice que fue víctima de discriminación.

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